La vida de la gata Benita

Gata PatatitoSe acerca el final del año,  el momento de reflexionar sobre todo lo que hemos conseguido y las metas que nos queremos marcar para el siguiente.  No sé vosotros, pero  yo necesito ponerme en un sitio alto para tener perspectiva sobre las cosas y me he subido a la cerca. No solo para pensar un poco, si no también ¡para vigilar el territorio de esas malditas ardillas! Son mis archienemigas.
Ha sido mi primer año desde que decidí ayudar con mi balsámica presencia a los humanos que viven en mi casa. No era mi casa, pero como decía Julio César, ese emperador romano tan querido: «Vine, vi, vencí», o en otras palabras, una vez que decidí que quería vivir allí, se convirtió automáticamente en mi propiedad, nadie podía quitármela.
Como soy magnánima y generosa, dejé que los humanos que vivían allí de antes se quedaran; eso sí, como mis proveedores de comida y sirvientes personales*. De vez en cuando les permito que me acaricien el lomo, parece que funciona muy bien como método de pago por sus servicios.
Empezando desde la semana que viene, os contaré mis aventuras desde mi nacimiento hasta hoy. Mientras tanto, portaos bien y estudiad idiomas.
*No me juzgues por comportarme así. Los vikingos que invadieron las costas del norte de Europa solían hacerlo muy a menudo. ¡Quedarse con la casa y con sus habitantes como esclavos!

Prisas y estrés con niños/as

Buenos días:
Comenzamos nuestro blog con una reflexión sobre los tiempos y las prisas. Desde que llega un niño a la familia, tu tiempo se reduce drásticamente; hay cientos de cosas por hacer: las habituales y todas las nuevas obligaciones, que además tienes que ir aprendiendo sobre la marcha. Si a esto le sumamos unas pinceladas de perfeccionismo, estamos en el camino de la frustración y del estrés.
¿Dónde podemos advertir si tendemos al perfeccionismo frustrante? Analiza tu último mes y reflexiona si alguna vez has realizado alguna de estas acciones, o similares:
  • Pretender que tus hijos/as asimilen los ritmos controlados al segundo que solemos llevar en la sociedad actual (cuando se manera natural se rebelan contra ellos:  los niños y niñas tienen su propio tempo, centrado en el aquí y en el ahora).
  • El nivel de exigencia interno de querer alcanzar el mismo orden en la casa que antes de nuestro hijo.
  • Deseo de que todo salga bien a la primera, porque un imprevisto crea un desbarajuste insalvable.
  • En tu agenda no queda sitio para jugar o divertirte, a solas y en familia. Que tu hijo tenga extraescolares a diario es un buen síntoma.
¿Y qué sucede cuando queremos llegar al metro de las 8:17 y el niño se niega a vestirse? Pues muchas veces entramos en una catarata de retrasos irrecuperable, mal genio, frustración, estrés… que además pagamos con los más indefensos, que son los niños.
  • Asumir que somos humanos, nos equivocamos, nos frustramos y hacemos cosas bien y cosas mal. Nuestros hijos también.
  • Los niños y las niñas son inocentes, no tienen por qué pagar nuestro mal humor.
  • Levantarse veinte minutos antes. Tener un colchón de más de diez minutos “por si acaso” es la diferencia entre salir corriendo como las cuadrigas de Ben Hur, o ir paseando y compartiendo unos minutos de aquí y ahora con nuestros hijos, viviendo juntos un tiempo de calidad. Por ejemplo, señalando el color del cielo, las nubes, las farolas. Señalándoles detalles cotidianos para que se fijen en lo hermosa que es la ciudad (y la vida). ¿Quién está en la calle? ¿Están ya abiertas las tiendas? ¿Qué animales aparecen en nuestro camino y podemos saludar? ¿Qué temperatura hace? ¿Qué va a hacer hoy en el colegio? ¿Y a la salida, qué tenemos pensado?
La paz interior sirve de ejemplo a nuestros hijos, todos ganamos.
Iremos tratando estos y otros temas semanalmente. Si quieres que hablemos de algo en concreto, escríbenos y lo haremos encantadas.
 

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Conoce a nuestros protagonistas: Patatito

Patatito es un duende del bosque.

Su madre está siempre diciendo que hay que que comer sano y evitar el azúcar, pero Patatito se las arregla para comer cosas dulces siempre que puede, como estas manzanas rojas tan deliciosas. También le gustan las flores del trébol, pero solo las violetas; dice que las blancas no están tan ricas.

Su asignatura favorita es Lenguaje y lo que más le gusta es leer cuentos e inventarse aventuras, especialmente con robots y superhéroes.

Tiene cuatro alas y cuatro dientes. De mayor quiere ser polinizador porque quiere ser amigo de las abejas.

Su mejor amigo es Díptero porque los dos tienen alas y pueden volar muy rápido y porque a veces comparte su merienda con él, pero sin que se entere su madre, que dice que Díptero come mucha comida basura.